Un espacio en donde ser uno mismo

No me resulta fácil responder a ¿quien soy?, ¿quién quiero ser?, ¿cómo soy?, ¿cómo me ven?
No hay más digno que la verdad, dicen. Y lo creo.
Con la VERDAD por delante, mejor dicho, con la sinceridad desnuda por delante, las respuestas a esas cuatro preguntas coincidirían.
¿Por qué me empeño en contestarlas y en que coincidan? Verás, no me resulta fácil contártelo, pero es sencillo. Muy sencillo.
Mira, me gusta el teatro de verdad, el de escenario, pero no me gusta nadita el teatro artificial, muchas veces necesario para sobrevivir. Quiero disfrazarme para salir a escena, pero no para el cada día. Busco, machaconamente, el (o un) espacio en donde ser yo misma y me gusta estar desnuda siempre que pueda. NO actuar, simplemente ser. Ser sin necesidad de preguntarme quien soy.
Y sí, encontré un espacio. No te lo vas a creer. Allí puedo ser como soy, allí soy maravillosamente libre, allí me siento querida, puedo abrazar, besar, mimar... Espero que te lo creas y quieras acompañarme algún día. Parecía no existir ese lugar, pero yo lo encontré en un psiquiátrico, durante el tiempo que dedico a visitar a "locos", a mis loquitos, esos que ahora llaman enfermos mentales... ¡Con lo magnífica que es la palabra locura, ahora les da por cambiarla en enfermedad mental!
La locura supone mucho sufrimiento, sí. Pero la libertad que da hacer lo que uno quiere y cuando quiere...
Palabras, caricias (oido, tacto) son suficientes para pasar unas horas de charla en un psiquiátrico, siendo uno mismo, sin saber quien es uno. Ellos son los maestros. Sólo hay que dejarse llevar.
¿Por qué no me acompañas un día? Verás como vuelves.