Sería posible, claro, pero ¿quién quiere una vida así? ¿Será la que profundamente anhelamos todos? A veces quiero convencerme de que una vida sin sensaciones es la más práctica. Ni altos ni bajos; ni el viaje al abismo ni la huida al paraiso... Todo NORMAL, gris, plano... Durante muchos años (demasiados; me desgastaron física y emocionalmente) me instalé en la comodidad de la rutina y del aburrimiento, quise convencerme de que amar era una cuestión de voluntad, quise que la razón pudiese sobre las emociones... No funcionó. Me di cuenta de que amar de manera auténtica es una emoción primitiva, instintiva, visceral e incontrolable. Otra cosa es el amor contolado: normas, restricciones, modas...
¿Y qué tiene que ver la música con todo esto? Ante la música, entre la música, frente a la música,... abducida por la música... me quedo desnuda, lo instintivo y visceral me domina. Es difícil, incluso, respetar las mínimas normas y no desnudarse en público pidiendo a gritos la solidaridad del tacto, junto con la caricia auditiva: música, primitiva, tribal, sin normas; música elegantemente vestida de la estetica del vals vienés; música asesina; incluso música militar o religiosa, gregoriano... ¿Qué más da? Es música... Me disperso, no sigo las normas de los blogs... Si quiero hacerme escuchar y compartir todo esto, tendré que someterme a las normas de la comunicación virtual... Quiero resistirme al progreso; reinvindico las conversaciones visuales, las caricias sin más objetivo que acariciar, la música como esencia, sin más objetivo que vibrar; la música ¿como principio?
Mi esencia es la contradicción, y aquí está: cuanto más necesito vida, más incapaz soy de oir música sin llorar. Me marcho con "Yesterday"...